- Trabajar en seguridad del paciente, en la prevención del daño asociado a la asistencia sanitaria, es una labor profundamente ética, intelectualmente amena, creativa y generosa.
La beneficencia, la equidad y la justicia son los principios morales más amables para nuestro entendimiento. “Curar a veces, aliviar a menudo y consolar siempre”, es algo perfectamente alineado con nuestro propósito de luchar contra las enfermedades que azotan el bienestar de nuestros semejantes. Por el contrario, la no maleficencia es un principio moral en el que no nos gusta entretenernos demasiado. Vernos a nosotros mismos como causa del sufrimiento ajeno, por nuestros errores, negligencias o debilidades, parece un tanto esperpéntico e irreal, como mirarse en los espejos grotescos del Callejón del gato.
Quienes dedicamos, durante años, tantas horas y fatigas a la no maleficencia, parece que vamos a la contra de los flamantes éxitos y logros de la medicina del buen hacer, que somos algo así como la mala conciencia, el Pepito Grillo de las organizaciones sanitarias, el esclavo que porta los laureles sobre la cabeza del general victorioso: recuerda que eres mortal. No resulta fácil hablar a los profesionales sanitarios de su propia fragilidad y menos aún pretender quitarles el recurso intuitivo, inconsciente y emocional de pensar que ellos son diferentes, que a ellos no les pasan esas cosas. Hay que leer a D Kahneman, para entender hasta qué punto la mente se esfuerza en defender la autoestima y justificar nuestra conducta, imponiendo sesgos cognitivos poderosos y eficaces que dificultan un autoanálisis veraz y útil para la organización. La frase: a mí me va bien, utilizada, con demasiada frecuencia, como argumento frente a propuestas de cambio, tiene una base neurofisiológica conocida.
Somos frágiles, cometemos errores y tenemos días malos. Una realidad innegable y conocida desde hace siglos. La sentencia: errare humanum est, atribuida al estoicismo socrático, es citada con frecuencia y fue utilizada por W Richardson para titular su libro: To err is human, publicado por la National Academy Press (Congres of the UUEE). Este libro contribuyó a dar visibilidad y referenciar la importancia del daño asociado a la asistencia sanitaria, destacando la necesidad de abordar su problemática en la búsqueda de soluciones operativas dentro de las organizaciones. De alguna manera vino a indicar que esto no es nada personal, si no organizacional, como reza el subtítulo del libro: Bulding a safer health system. Y esto es lo verdaderamente relevante del cambio propuesto. Trabajar en la no maleficencia no supone ir contra las flaquezas del profesional como ser humano, supone aprender a superarlas generando organizaciones que impidan o limiten el impacto del error en la salud de los pacientes, y tomando como base la calidad, el conocimiento y la capacidad técnica de los profesionales.
- La frase socrática casi siempre se cita de forma incompleta, invitando a una cierta resignación y aceptación estoica de nuestra debilidad personal, pero la frase completa es: Errare humanun est, sed in errore perseverare insipientis. Es decir: Errar es humano, pero perseverar en el error es de necios. Dicho queda. Aquí está la ética de la no maleficencia y hay mucho que hacer.