Mes: septiembre 2024

Seguridad y bienestar. Confianza

17 de septiembre, Día Mundial de la Seguridad del Paciente

La consideración a este día nos hace reflexionar sobre dos aspectos muy importantes que unimos en una misma frase:  la seguridad y el bienestar del paciente.

 La seguridad debe ser directamente proporcional a la complejidad de los sistemas; en la medida en que las organizaciones se vuelven más complejas, es crucial que las medidas de seguridad se incrementen y se fortalezcan para conseguir sus objetivos de forma exitosa.

En Medicina también es así. Nuestra sanidad, los procedimientos médicos, quirúrgicos y los tratamientos que aplicamos, son cada vez más complejos, como también lo son nuestros pacientes, gracias al incremento de la esperanza de vida de la población y a la posibilidad de aplicar esos procedimientos en edades muy avanzadas de la vida.

La seguridad en el ámbito sanitario tiene que ver con calidad en la atención, pero también con el bienestar del paciente.  El paciente debe ser el centro alrededor del cual gira toda la atención médica. Son importantes los aspectos técnicos, la efectividad de los tratamientos, pero también lo son la necesidad de respetar a la persona en toda la plenitud de la palabra, sus derechos, su dignidad, sus necesidades, su dolor, sus emociones. Cuando una persona acude en busca de asistencia médica se encuentra en una situación de enorme vulnerabilidad, se enfrenta a la incertidumbre, al miedo. En esos momentos, el paciente no solo necesita la experiencia y el buen hacer de los profesionales, también un trato humano, una comunicación clara, una actitud que transmita apoyo y esperanza.  El deseo de la persona que enferma es recuperarse y volver cuanto antes a su vida cotidiana. Nuestra responsabilidad es trabajar para alcanzar ese objetivo, combinando nuestra experiencia técnica con una profunda humanidad. Con ello es mucho más posible la propia implicación del paciente en su cuidado y en su seguridad.

Cuando hablamos de seguridad nos referimos a la capacidad de prevenir daños y errores, de minimizar riesgos, detectarlos, ponerles medidas correctoras y tratar de que no se repitan. Eso se consigue en parte gracias a los Sistemas de Notificación de incidentes, que permiten visibilizarlos, investigar las causas que pueden haber incurrido en su aparición, y aprender de ellos. Para ello es imprescindible una cultura de seguridad en la que el objetivo sea aprender del error, sin miedo a represalias, un sistema no punitivo. Y entrenar, entrenar, entrenar.

Este día debe hacer reflexionar a profesionales, gestores de la Sanidad, y a los propios pacientes, a toda la sociedad.

Todos hemos sido, somos y seremos pacientes. Deseamos la tranquilidad y la certeza de que se aplican las medidas de seguridad adecuadas para asegurar el éxito del tratamiento, reduciendo el sufrimiento y los riesgos, y mejorando así la experiencia y el bienestar del paciente.

Confianza, preciosa palabra para este día.

Beatriz Amorós Alfonso. Anestesista

Base Aérea de Torrejón. Diciembre 2022

Lideres en seguridad. Una excelente jornada de trabajo: aprendiendo con los mejores.

Compromiso, formación, disciplina, conocimiento. Cumplir su misión cuidando la seguridad de pilotos, personal y equipos

Factor humano, gestión del estrés, trabajo de equipo, protocolos de seguridad y listados de verificación, alta tecnología y ayudas cognitivas «pegadas al muslo». Ala 12

«Un plan no es nada, planificar lo es todo». General D Eisenhower. Organización, simulación en entornos realistas, análisis operacional, seguridad en el despliegue. U.M.A.E.R, U.M.A.A.D

Reconocimiento médico, informes psicológicos, capacidad de respuesta en situaciones simuladas de alta demanda física y mental. C.I.M.A

Cirugía segura como antídoto contra el «burnout»

En 1943 el psicólogo estadounidense Abraham Maslow publicó su teoría sobre la jerarquía de las necesidades básicas del hombre en su libro: Motivation and personality. Con esta obra inicia su andadura hacia el desarrollo de la psicología humanista, de la que llegaría a ser su máximo exponente. La jerarquización de las necesidades para el desarrollo humano, conocida como pirámide de Maslow (fisiológicas, seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización) adquiere de inmediato una gran influencia en la psicología y la sociología modernas, contribuyendo a mejorar el conocimiento de la motivación y los determinantes de la conducta humana en diferentes entornos sociales. Más adelante, Maslow se implica, junto a otros autores, en el desarrollo de la idea de autorrealización de Kurd Goldstein, y propone una serie de metanecesidades para el crecimiento personal y motivacional del individuo.

La aparición del burnout laboral en profesionales de alto nivel, que tienen bien cubiertas las necesidades definidas en la pirámide de Maslow, se relaciona con el fracaso en los aspectos más avanzados de la autorrealización, último peldaño y en una atención insuficiente a las “metanecesidades” para su desarrollo. Es aquí donde surge el conflicto y la pérdida motivacional. La autorrealización se define como un impulso básico: la tendencia a realizarse a sí mismo tanto como sea posible, y se considera la única motivación verdadera; Maslow define un total de catorce “metanecesidades” necesarias para el crecimiento personal sostenido y la motivación. Estas metanecesidades han sido reevaluadas y concretadas por psicólogos de la Universidad de California en cuatro aspectos:  sentido o propósito, necesidad de control, sensación de competencia y conexión.

Mi propuesta, la idea básica de este post es que tanto el conocimiento, como asumir posiciones de liderazgo en proyectos, actuaciones y gestión del cambio en materia de seguridad de pacientes: satisface estos cuatro aspectos, y tiende por tanto a sostener el crecimiento personal y motivacional más allá de lo aportado por las rutinas y tareas del desempeño diario, sirviendo de antídoto para el burnout. Paso a explicarme.

¿Qué profesional de la salud no verá reforzado el sentido y el propósito de su actividad si estudia y asume actuaciones orientadas a mejorar la vida de las personas, evitando sufrimientos innecesarios? A mi este punto me resulta muy evidente. Recuperar, repensar el primum non nocere que desde la antigua Grecia de Hipócrates ilumina nuestra profesión: “Zero preventable harm” proponen ahora los expertos. Evitar el sufrimiento y el daño causado por nuestros errores y mala práctica clínica, ¿acaso no nos da, o añade, un sentido y un propósito claro para ser mejores cada día? Sí. Y quien no pueda verlo así debería dedicarse a otra cosa, hay otros oficios muy interesantes en el mundo.

Formarse y trabajar en seguridad mejorará también nuestra necesidad de sentir que tenemos el control de lo que hacemos, que las cosas no se nos van de las manos. Gran parte de las propuestas en este campo del conocimiento pueden ser desarrolladas por las personas de manera directa e inmediata, sin depender de otros, ni de tecnologías avanzadas, ni de complejos estudios académicos y nos ofrecen, además, un ámbito de influencia para mejorar nuestro entorno relacional.  Hacer el listado de verificación quirúrgica solo requiere de nuestra voluntad de hacerlo, solo eso. Tal vez otros no lo hagan, tal vez otros deberían facilitarlo, tal vez nos critiquen por ello, pero siempre estará en nuestra mano hacerlo o no y si lo hacemos: mejoraremos nuestra sensación de control. Lo mismo podríamos decir de las estrategias para el uso seguro de medicamentos, lavado de manos y uso de guantes, o de las técnicas de comunicación estructurada en la transferencia de pacientes y de tantas otras cosas: solo necesitamos ponernos a ello. Como dice el famoso y motivador eslogan creado por Dan Wieden para una conocida empresa de material deportivo: “Just do it”. El beneficioso efecto para nuestro ánimo será inmediato y también para nuestros pacientes. Esto último puede ser más complicado de documentar, pero eso no debería detenernos, simplemente toma el control: ¡hazlo!

Trabajar con estrategias y técnicas específicamente diseñadas para reducir las complicaciones y la mortalidad de nuestros pacientes en cualquier ámbito asistencial ¿no nos hará sentirnos más competentes?, ¿no nos hará sentirnos mejores profesionales, con mejores capacidades? Naturalmente que sí. Incorporar disciplinas transversales procedentes con frecuencia de otros ámbitos del conocimiento: psicología, sociología, ergonomía, nos resultará original, divertido, es algo que engancha y nos hará sentirnos mejor preparados. Tendremos la seguridad de que en la práctica de nuestras habilidades y conocimientos específicos no nos dejamos nada atrás y podremos obtener mejores resultados. Trabajar en seguridad de paciente, nos da más seguridad mental para nuestra práctica clínica diaria, más seguridad jurídica y mejora nuestra autoestima ¿Quién da más?

Por último, pero no menos importante, abrirnos al ámbito de conocimientos en seguridad y liderazgo, en anestesia, en cirugía, enfermería, o en aquello a que dediquemos nuestra labor, nos llevará a conectar con otros entornos, con otros profesionales, mejorará nuestra capacidad relacional, haciendo amigos, y ganando buenos compañeros de viaje.

Dichas todas estas razones vuelvo a mi tesis inicial: el estudio y el liderazgo en materia de seguridad de paciente nos alejará de la quema. Soy consciente de las dificultades cada vez mayores de la práctica médica, de la sensación de maltrato que a menudo nos invade, del descuido organizacional que nos afecta y de tantos otros fuegos que nos circundan, por eso es necesario revisitar los valores de nuestra profesión y sus fundamentos éticos y a esto nos ayudará trabajar en seguridad de paciente: propósito, control, competencia, conexión. Lo merecemos, y sobre todo lo merecen nuestros pacientes.

JR Rodríguez Fraile. Anestesista. @JRFraile