Aquellas amables dosis…

Chorros, chorrillos, rayitas, capuchones, lavaditos, chupitos, pizcas, pelotazos, garrafones, son pautas de dosificación de fármacos muy extendidas en anestesiología, pero actualmente en desuso. Esta hermosa y amable terminología sirvió para florear mi aprendizaje en farmacología clínica, haciéndome ver que la precisión terapéutica no depende tanto del Sistema Internacional de Unidades, como del cuidado y la precisión mecánica, artística y emotiva de la experiencia clínica aplicada al análisis de la relación dosis/efecto. Un mg/Kg/minuto es un ente de razón, carece de existencia real, para ser algo necesita constituirse en el fluir regulado de una solución farmacológica conocida. En cambio, un chorro, o un chorrillo, son entes físicos observables y precisos, que se regulan aplicando el pulgar sobre la ruedecilla del gotero para acelerar el ritmo de su fluir fragmentado, hasta convertirlo en un hilo continuo de grosor variable, o a la inversa. Con esa caricia del pulgar sobre el sistema se ajusta la dosis deseada en el momento adecuado y durante el tiempo requerido. Sin intermediarios. Como el pintor que aplica al lienzo sus notas de color, o el pianista que golpea las teclas del piano. Así se puede producir un hermoso cuadro, una melodía cautivadora o un éxito terapéutico. El conocimiento, la pasión, la sensibilidad y el sentido de la vida están ahí, expresándose con la punta de los dedos.

He dedicado mucho tiempo a enseñar y promover formas de dosificación racionales, seguras y objetivas, expresadas siempre en términos de masa y tiempo, y administradas con herramientas de precisión de alta tecnología, con altos niveles de automatización y controles de seguridad. Ahora, cuando tengo ya un pie sobre el estribo, después de tantos años de profesión, empiezo a entender otras cosas, empiezo a ver que, tal vez, al ganar tanto, también hemos perdido algo. No es lo mismo tocar el saxo que poner un disco de John Coltrane, y aunque sé que siempre sonará mejor esto último, si perdemos el tacto, la música en vivo, tal vez lleguemos a echar algo en falta.

Al final, con o sin alta tecnología, la posología de un medicamento siempre será adverbial: poner lo necesario, en cantidad suficiente y en el momento preciso, y el éxito terapéutico dependerá del conocimiento, la pasión, la sensibilidad y el sentido de la vida.

Uso seguro de medicamentos en el paciente quirúrgico (2ª edición)


Hospital Universitario de Guadalajara. 22 de octubre de 2024
Dirección del curso: Milagros Pretel Merlo.

Errores de Medicación en el paciente quirúrgico. Dra. Milagros Pretel (FEA Anestesiología)
Uso inadecuado de la profilaxis antibiótica. Dra. Olga Redondo (FEA Medicina Preventiva)
Recomendaciones sobre etiquetado Dª Alexandra Fuentetaja (Enfermería quirúrgica)
Análisis de incidentes Dr. Zenno Iannacone (FEA Anestesiología)
Casos clínicos: Moderadora: Dra. Milagros Pretel
Caso 1: Error de administración. Dra. María José Puerta (MIR Anestesiología).
Caso 2: Error en la profilaxis antibiótica. Dra. Lourdes Muñoz Corsini (FEA Anestesiología)
Caso 3: Error en el etiquetado. Dª Alexandra Fuentetaja
11:15-11:45 Descanso
Conciliación de la medicación. Dª Eva Martín (Farmacéutica Hospitalaria)
Errores relacionados con la transferencia Dra. Beatriz Amorós (FEA Anestesiología)
Segregación de residuos de medicamentos. Dª Laura Jiménez (Técnico medioambiental)
Casos clínicos: Moderadora: Dra. Lourdes Muñoz
Caso 4: Error en la conciliación. Dra. Aitana Martínez (MIR Anestesiología)
Caso 5: Error en la transferencia de pacientes. Dra. Aitana Martínez.
Caso 6: Error de medicación. Dra. María José Puerta
14:30-14:45 Despedida y cierre. Encuesta final.

¿Por qué?

Porque los errores y malas prácticas en el uso de medicamentos:

  1. Son la principal causa de daño evitable en la atención sanitaria
  2. Tienen una alta incidencia en cirugía, anestesia y cuidados intensivos
  3. Los problemas de comunicación son la principal causa de error y son “siempre” evitables

Porque tenemos mucho que hacer:

  1. Suministros y almacenaje electrónico.
  2. Conciliación de la medicación
  3. Prescripción electrónica unificada
  4. Transferencias asistenciales estructuradas
  5. Etiquetado normalizado de jeringas y perfusiones
  6. Jeringas y viales para perfusión precargados
  7. Sistemas electrónicos de infusión integrados en la historia clínica
  8. Trazabilidad, registros y gestión de residuos
  9. Formación específica en comunicación efectiva
  10. Análisis de incidentes críticos y gestión de calidad

Porque es un problema transversal que planteamos como colaboración multidisciplinar:

  1. Dirección de Seguridad y Calidad asistencial
  2. Servicios quirúrgicos
  3. Medicina preventiva
  4. Anestesiología y Reanimación
  5. Enfermaría
  6. Farmacia
  7. Informática
  8. Dirección de Gestión

Porque nuestra idea no es enseñar, es promover liderazgos, ideas y proyectos: ¡hagámoslo!

El cojón del anticristo

El paradigma de la toxicidad en los equipos de alto rendimiento

En el siglo VIII, durante la conocida disputa entre Beato de Liébana y Elipando, obispo de Toledo, aquel llegó a llamar a este “cojón del anticristo”, uniendo en un rotundo insulto los dos elementos más perniciosos para la salvación del alma: la virilidad masculina y la manifestación del maligno. Fue aquella una disputa teológica para decidir si Jesucristo era hijo natural o putativo de Dios. Disputa que ganó Beato tras prolijas argumentaciones, debates al más alto nivel y una agresividad que consideró adecuada a tan alto empeño. Así pudo poner fin a la doctrina del adopcionismo, y sus seguidores, ante la amenaza de excomunión, fuego eterno, o tan solo el necesario para ser quemados vivos, acabaron acomodándose al pensamiento único.

La discrepancia y el conflicto son esenciales para el crecimiento y la mejora continua de las organizaciones, y constituyen el principal aliciente para líderes y gestores del cambio. Hablo, naturalmente, de la discrepancia y las propuestas de cambio basadas en el conocimiento, enfocadas a la misión, argumentadas y bien planteadas en tiempo y forma. Y esto último, los tiempos y las formas, es lo que con más frecuencia puede complicar las cosas.

Por desgracia, el paso de los siglos no ha evitado que sigan surgiendo en el seno de las organizaciones personas que, con demasiada frecuencia, plantean sus desacuerdos de manera perversa, actuando como un lastre para el cambio y perturbando el bienestar organizacional, transforman la controversia en agresión y en pelea callejera cualquier debate. A estos divergentes, solemos llamarles toca cojones o toca pelotas, aludiendo, como Beato, a la maldad inherente a estos atributos, y al hecho de hurgar en ellos para desencadenar su potencial destructor. En un lenguaje técnico hablamos de personas o comportamientos tóxicos. La toxicidad en las relaciones personales, según el psicólogo norteamericano J Gottman, se concreta en cuatro actitudes que conducen al fracaso de la comunicación: la crítica destructiva, el desprecio, la actitud defensiva y la evasiva o amurallamiento, conjunto al que denominó: los cuatro jinetes del apocalipsis. De forma más reconocible para el entorno laboral (J Gottman se centró más en el estudio de las relaciones de pareja), yo señalaría como más importantes las siguientes características, sin buscar resonancias bíblicas, porque tampoco es para tanto:

  1. Visión catastrofista con énfasis en la desesperanza y el victimismo
  2. El cinismo y el sarcasmo como argumentación
  3. Crítica orientada a las personas, no a la estrategia
  4. Falta de compromiso con la misión

Para los líderes y gestores del cambio, estos individuos resultan particularmente molestos, y con frecuencia resulta difícil neutralizar sus efectos dañinos en las personas y en la organización. Ellos juegan con el viento a favor. Generar dinámicas de grupo negativas es muy fácil, requiere escaso conocimiento y energía mental, la crítica a las personas y el sarcasmo generan inhibición y falta de confianza en los aludidos, o respuestas defensivas igual de vehementes e inapropiadas; por añadidura, el victimismo y la desesperanza tienden a generar cierta solidaridad espontánea con los supuestos damnificados y a promover actitudes de evasión y falta de compromiso. A quienes sufren de forma directa, o a los espectadores, de estas conductas inapropiadas y agresivas les resulta difícil confrontar y pueden caer en una tríada letal: no preguntes, no intervengas, no aportes. Esta pérdida de confianza hace que el equipo vaya perdiendo potencial creativo y capacidad de aprendizaje. Es obvio que todos podemos tener días malos, es la perseverancia en estas actitudes negativas lo que distingue a las personas tóxicas dentro de los equipos. Evaluar su impacto sobre la organización es un paso importante para poder desactivar sus efectos, y requiere del líder una gran capacidad de observación, paciencia y conocimiento del equipo. Cuando la conducta de estas personas tiene escaso efecto sobre el grupo, es preferible bajar su calificación a la de simples cantamañanas, y no dedicarles demasiada energía, más allá de la necesaria para interrumpir algunos excesos dialécticos en las sesiones de trabajo. Por el contrario, si su actitud es claramente perjudicial para la moral y la dinámica de trabajo del equipo, para la misión, o para las relaciones interpersonales, entonces, el liderazgo deberá concretarse en el objetivo de neutralizar o incluso revertir estos efectos.

Ahora bien, que un profesional resulte tóxico para el equipo, por sus tiempos y formas desafortunadas de comunicación, no quiere decir que sea incompetente, carezca de formación, o de valores útiles para la organización, y esto será de gran importancia para individualizar las estrategias de confrontación y neutralización. Estas tendrán como objetivo, en palabras del psicólogo Jamil Zaki director del Stanfor Social Neuroscience Laboratory: replacing cynicism with hopeful skepticism.
Dicho de otra forma, para controlar a las personas tóxicas el líder deberá: influir para mejorar sus tiempos y formas de comunicación, pero sin atacar su personalidad ni sus valores; debe mantener su capacidad de aportar al equipo recuperando su confianza y su compromiso con la misión ¡Ahí es nada!, un reto apasionante. De ello trataré en una próxima entrada. Un adelanto: el líder debe asumir que esto: “no es nada personal, solo son negocios”.

JR Rodríguez Fraile. Anestesista

Seguridad y bienestar. Confianza

17 de septiembre, Día Mundial de la Seguridad del Paciente

La consideración a este día nos hace reflexionar sobre dos aspectos muy importantes que unimos en una misma frase:  la seguridad y el bienestar del paciente.

 La seguridad debe ser directamente proporcional a la complejidad de los sistemas; en la medida en que las organizaciones se vuelven más complejas, es crucial que las medidas de seguridad se incrementen y se fortalezcan para conseguir sus objetivos de forma exitosa.

En Medicina también es así. Nuestra sanidad, los procedimientos médicos, quirúrgicos y los tratamientos que aplicamos, son cada vez más complejos, como también lo son nuestros pacientes, gracias al incremento de la esperanza de vida de la población y a la posibilidad de aplicar esos procedimientos en edades muy avanzadas de la vida.

La seguridad en el ámbito sanitario tiene que ver con calidad en la atención, pero también con el bienestar del paciente.  El paciente debe ser el centro alrededor del cual gira toda la atención médica. Son importantes los aspectos técnicos, la efectividad de los tratamientos, pero también lo son la necesidad de respetar a la persona en toda la plenitud de la palabra, sus derechos, su dignidad, sus necesidades, su dolor, sus emociones. Cuando una persona acude en busca de asistencia médica se encuentra en una situación de enorme vulnerabilidad, se enfrenta a la incertidumbre, al miedo. En esos momentos, el paciente no solo necesita la experiencia y el buen hacer de los profesionales, también un trato humano, una comunicación clara, una actitud que transmita apoyo y esperanza.  El deseo de la persona que enferma es recuperarse y volver cuanto antes a su vida cotidiana. Nuestra responsabilidad es trabajar para alcanzar ese objetivo, combinando nuestra experiencia técnica con una profunda humanidad. Con ello es mucho más posible la propia implicación del paciente en su cuidado y en su seguridad.

Cuando hablamos de seguridad nos referimos a la capacidad de prevenir daños y errores, de minimizar riesgos, detectarlos, ponerles medidas correctoras y tratar de que no se repitan. Eso se consigue en parte gracias a los Sistemas de Notificación de incidentes, que permiten visibilizarlos, investigar las causas que pueden haber incurrido en su aparición, y aprender de ellos. Para ello es imprescindible una cultura de seguridad en la que el objetivo sea aprender del error, sin miedo a represalias, un sistema no punitivo. Y entrenar, entrenar, entrenar.

Este día debe hacer reflexionar a profesionales, gestores de la Sanidad, y a los propios pacientes, a toda la sociedad.

Todos hemos sido, somos y seremos pacientes. Deseamos la tranquilidad y la certeza de que se aplican las medidas de seguridad adecuadas para asegurar el éxito del tratamiento, reduciendo el sufrimiento y los riesgos, y mejorando así la experiencia y el bienestar del paciente.

Confianza, preciosa palabra para este día.

Beatriz Amorós Alfonso. Anestesista

Base Aérea de Torrejón. Diciembre 2022

Lideres en seguridad. Una excelente jornada de trabajo: aprendiendo con los mejores.

Compromiso, formación, disciplina, conocimiento. Cumplir su misión cuidando la seguridad de pilotos, personal y equipos

Factor humano, gestión del estrés, trabajo de equipo, protocolos de seguridad y listados de verificación, alta tecnología y ayudas cognitivas «pegadas al muslo». Ala 12

«Un plan no es nada, planificar lo es todo». General D Eisenhower. Organización, simulación en entornos realistas, análisis operacional, seguridad en el despliegue. U.M.A.E.R, U.M.A.A.D

Reconocimiento médico, informes psicológicos, capacidad de respuesta en situaciones simuladas de alta demanda física y mental. C.I.M.A

Cirugía segura como antídoto contra el «burnout»

En 1943 el psicólogo estadounidense Abraham Maslow publicó su teoría sobre la jerarquía de las necesidades básicas del hombre en su libro: Motivation and personality. Con esta obra inicia su andadura hacia el desarrollo de la psicología humanista, de la que llegaría a ser su máximo exponente. La jerarquización de las necesidades para el desarrollo humano, conocida como pirámide de Maslow (fisiológicas, seguridad, afiliación, reconocimiento y autorrealización) adquiere de inmediato una gran influencia en la psicología y la sociología modernas, contribuyendo a mejorar el conocimiento de la motivación y los determinantes de la conducta humana en diferentes entornos sociales. Más adelante, Maslow se implica, junto a otros autores, en el desarrollo de la idea de autorrealización de Kurd Goldstein, y propone una serie de metanecesidades para el crecimiento personal y motivacional del individuo.

La aparición del burnout laboral en profesionales de alto nivel, que tienen bien cubiertas las necesidades definidas en la pirámide de Maslow, se relaciona con el fracaso en los aspectos más avanzados de la autorrealización, último peldaño y en una atención insuficiente a las “metanecesidades” para su desarrollo. Es aquí donde surge el conflicto y la pérdida motivacional. La autorrealización se define como un impulso básico: la tendencia a realizarse a sí mismo tanto como sea posible, y se considera la única motivación verdadera; Maslow define un total de catorce “metanecesidades” necesarias para el crecimiento personal sostenido y la motivación. Estas metanecesidades han sido reevaluadas y concretadas por psicólogos de la Universidad de California en cuatro aspectos:  sentido o propósito, necesidad de control, sensación de competencia y conexión.

Mi propuesta, la idea básica de este post es que tanto el conocimiento, como asumir posiciones de liderazgo en proyectos, actuaciones y gestión del cambio en materia de seguridad de pacientes: satisface estos cuatro aspectos, y tiende por tanto a sostener el crecimiento personal y motivacional más allá de lo aportado por las rutinas y tareas del desempeño diario, sirviendo de antídoto para el burnout. Paso a explicarme.

¿Qué profesional de la salud no verá reforzado el sentido y el propósito de su actividad si estudia y asume actuaciones orientadas a mejorar la vida de las personas, evitando sufrimientos innecesarios? A mi este punto me resulta muy evidente. Recuperar, repensar el primum non nocere que desde la antigua Grecia de Hipócrates ilumina nuestra profesión: “Zero preventable harm” proponen ahora los expertos. Evitar el sufrimiento y el daño causado por nuestros errores y mala práctica clínica, ¿acaso no nos da, o añade, un sentido y un propósito claro para ser mejores cada día? Sí. Y quien no pueda verlo así debería dedicarse a otra cosa, hay otros oficios muy interesantes en el mundo.

Formarse y trabajar en seguridad mejorará también nuestra necesidad de sentir que tenemos el control de lo que hacemos, que las cosas no se nos van de las manos. Gran parte de las propuestas en este campo del conocimiento pueden ser desarrolladas por las personas de manera directa e inmediata, sin depender de otros, ni de tecnologías avanzadas, ni de complejos estudios académicos y nos ofrecen, además, un ámbito de influencia para mejorar nuestro entorno relacional.  Hacer el listado de verificación quirúrgica solo requiere de nuestra voluntad de hacerlo, solo eso. Tal vez otros no lo hagan, tal vez otros deberían facilitarlo, tal vez nos critiquen por ello, pero siempre estará en nuestra mano hacerlo o no y si lo hacemos: mejoraremos nuestra sensación de control. Lo mismo podríamos decir de las estrategias para el uso seguro de medicamentos, lavado de manos y uso de guantes, o de las técnicas de comunicación estructurada en la transferencia de pacientes y de tantas otras cosas: solo necesitamos ponernos a ello. Como dice el famoso y motivador eslogan creado por Dan Wieden para una conocida empresa de material deportivo: “Just do it”. El beneficioso efecto para nuestro ánimo será inmediato y también para nuestros pacientes. Esto último puede ser más complicado de documentar, pero eso no debería detenernos, simplemente toma el control: ¡hazlo!

Trabajar con estrategias y técnicas específicamente diseñadas para reducir las complicaciones y la mortalidad de nuestros pacientes en cualquier ámbito asistencial ¿no nos hará sentirnos más competentes?, ¿no nos hará sentirnos mejores profesionales, con mejores capacidades? Naturalmente que sí. Incorporar disciplinas transversales procedentes con frecuencia de otros ámbitos del conocimiento: psicología, sociología, ergonomía, nos resultará original, divertido, es algo que engancha y nos hará sentirnos mejor preparados. Tendremos la seguridad de que en la práctica de nuestras habilidades y conocimientos específicos no nos dejamos nada atrás y podremos obtener mejores resultados. Trabajar en seguridad de paciente, nos da más seguridad mental para nuestra práctica clínica diaria, más seguridad jurídica y mejora nuestra autoestima ¿Quién da más?

Por último, pero no menos importante, abrirnos al ámbito de conocimientos en seguridad y liderazgo, en anestesia, en cirugía, enfermería, o en aquello a que dediquemos nuestra labor, nos llevará a conectar con otros entornos, con otros profesionales, mejorará nuestra capacidad relacional, haciendo amigos, y ganando buenos compañeros de viaje.

Dichas todas estas razones vuelvo a mi tesis inicial: el estudio y el liderazgo en materia de seguridad de paciente nos alejará de la quema. Soy consciente de las dificultades cada vez mayores de la práctica médica, de la sensación de maltrato que a menudo nos invade, del descuido organizacional que nos afecta y de tantos otros fuegos que nos circundan, por eso es necesario revisitar los valores de nuestra profesión y sus fundamentos éticos y a esto nos ayudará trabajar en seguridad de paciente: propósito, control, competencia, conexión. Lo merecemos, y sobre todo lo merecen nuestros pacientes.

JR Rodríguez Fraile. Anestesista. @JRFraile

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