La guerra es la continuación de la política por otros medios.
Carl von Clausewitz. De la guerra (Vom Kriege) 1832.
El ser humano tiene la negociación como uno de los pilares fundamentales de su desempeño biológico, hasta el punto de constituirse en la principal herramienta para su éxito adaptativo como especie: la cooperación flexible (Yuval Noah Harari).
Negociamos para bailar con nuestro primer amor, para que nuestros hijos no vuelvan demasiado tarde a casa, para veranear en la playa o la montaña, para reformar la cocina, encontrar trabajo o pagar impuestos. Es una actividad natural innata, desarrollada fenotípicamente a través del aprendizaje social y experiencial, como caminar, hablar o contar cuentos.
La negociación colectiva, en el mundo laboral, supone un paso más en complejidad relacional, y no puede quedar a merced de diletantes o aficionados movidos por su intuición y bonhomía. La negociación pasa a ser una herramienta poderosa y de alto impacto para organizaciones y personas. Del grado de éxito de los negociadores dependerán los resultados laborales, el daño a personas o bienes, incluso la viabilidad de la propia organización. Una negociación es un proceso.
Toda huelga cuenta la historia de una negociación fracasada que se adentró en esos “otros medios” de gestión política y desata una guerra estructurada, de violencia contenida y control de daños. La historia de un combate en el que cada parte procura infligir el mayor daño al otro para doblegar su resistencia e imponer sus tesis. Inevitablemente habrá daños para ambas partes, y puede ocurrir que los daños sean de tal magnitud que, incluso sintiéndose ganadores, todos puedan exclamar como el rey de Epiro tras derrotar a los romanos en la batalla de Ásculo: con otra victoria como esta, estoy perdido.

Pero en una huelga de médicos los principales daños no los sufren los contendientes, los sufren los pacientes. Analistas, tertulianos y comentadores evalúan los daños de la disputa en términos materiales, logísticos y organizacionales: pérdidas económicas de los médicos, listas de espera y resultados de actividad de los equipos directivos, pero ambas partes están en la negociación, son responsables de la designación de negociadores, y de su adhesión voluntaria al conflicto. Los pacientes no.
Cada consulta suspendida, cada cirugía o técnica diagnóstica demorada supone un daño real, moral y físico, para los pacientes y su entorno: pérdida de días y jornadas laborales, permisos de familiares y acompañantes, desplazamientos inútiles, alargar la ansiedad por conocer un diagnóstico o ser intervenido de un proceso quirúrgico largo tiempo esperado. No lo olvidemos nunca, son personas y personas en un estado de vulnerabilidad, esperanzados en un sistema sanitario que creen eficaz y pensado para ellos. No, no basta con decir que se atienden urgencias, quimioterapias o diálisis (la ministra al parecer ni siquiera sabía eso), ¡faltaría más! Un paciente con hemorroides que no le dejan vivir y espera ser atendido, tiene el mismo derecho a la salud que los demás, y no tiene la culpa de no estar “demasiado” enfermo, de no tener nada “urgente”. Una madre que aguarda el resultado de la resonancia cerebral de su hijo tiene derecho a saber, a que no se dilate su angustiosa espera. No, no son urgencias, son personas que sufren, víctimas del proceso, daños colaterales, que nadie quiere conocer. Es mejor hablar de listas y tablas de actividad, decir que la culpa es del otro, o tratar de convencer a los pacientes de que es por su bien. No, no es por su bien, en el mejor de los casos será para el bien de otros pacientes que lleguen más tarde, y solo si la huelga sirviera para mejorar el sistema. Dudo que sea así. He perdido la fe en los negociadores y he visto demasiados daños por “fuego amigo”. No pongo en duda la moralidad y buena intención de los responsables del proceso, no los conozco, pero su ineficacia es manifiesta y la inacción sospechosa.
En el cónclave de Viterbo (1268-1271) la presión popular por la demora en la elección de papa resolvió encerrar a los cardenales bajo llave (“cum clave” en latín, de donde derivó el nombre actual de cónclave para este proceso negociador) y racionarles agua y comida, forzándoles a elegir con prontitud como nuevo papa a Gregorio X. Así deberían estar los negociadores de esta huelga, encerrados a pan y agua hasta alcanzar un acuerdo, o ser sustituidos por otros que puedan resolver con eficacia y prontitud las asperezas del conflicto. Lo que se negocia es de vital importancia para médicos, pacientes y organizaciones sanitarias, de eso no cabe duda, pero los daños a personas no combatientes, ajenas al conflicto, son demasiado grandes como para admitir demoras debidas a negociadores ideologizados, fanáticos, sin pragmatismo ni competencia profesional. De seguir así, en junio volveremos a vivir un nuevo asalto y los púgiles volverán a descargar su furia sobre inocentes espectadores. Sí, ya sé que la culpa será del otro, pero… necesito decirlo: hay que negociar, se puede hacer más y mejor.
Magnífico. Gracias
Gracias a ti.
¿Como se negocia si una de las dos partes no quiere sentarse a hablar o escuchar?
Esta es la cuestión
Gracias Lourdes por el comentario. Eso que y coaching. preguntas es algo que forma parte de los contenidos de los estudios de técnicas de negociación y yo no tengo muchos, solo un par de clases en cursos de gestión y liderazgo. Hay algunas opciones: cambiar de personas (como cambiamos de mano cuando no podemos pinchar una «raqui»), modificar las líneas rojas (a veces basta con una palabra o una coma) y controlar el relato escenificando la voluntad de negociar (encierros, «asalto» a despachos, prensa, etc), en otras huelgas, vividas hace muchos años eso sí, he visto de todo.
Tenemos servicios mínimos del 100% en quirófanos y del 75 % en el resto de hospital. Se está realuzando prácticamente toda la actividad, con excepción de la voluntaria (autoconciertos o peonadas). Normalmente fcionamos tan forzados que, si hiciéramos un trabajo bien hecho, con los niveles de seguridad y calidad exigibles, se bloquearía la Sanidad Pública. Queremos PODER TRABAJAR BIEN, con seguridad, dando una atención de calidad, y que se cumplan los derechos del Estatuto de los Trabajadores también para los médicos.
Hola Nieves. Gracias por tus comentarios. Yo no soy un experto en la normativa legal de los conflictos colectivos, no puedo opinar sobre si los mínimos son o no abusivos. En mi caso, me he limitado a asignarlos con arreglo a las indicaciones recibidas de dirección. En cuanto a lo demás también creo que, en ocasiones, nos vemos sometidos a un trabajo excesivo, en número de horas o intensidad física y emocional de la tarea, especialmente en centros con poco personal, o que no pueden disponer de relevo o personal de apoyo para organizarse. Sin embargo no creo que eso nos impida aportar las adecuadas garantías de seguridad, salvo casos flagrantes de sobrecarga que deberían desaparecer. Comento algo de esto en otro post «¿Café para todos?. Yo estoy totalmente de acuerdo con casi todo lo que se demanda en esta huelga, pero no me gustan algunos aspectos de las formas, la planificación y «el relato».